En la Fundación Universitaria del Área Andina (Areandina), la transformación digital no es un discurso: se vive en cada salón. Con el impulso de su equipo directivo y académico, la universidad integró pantallas interactivas OneScreen para crear aulas interactivas donde la colaboración, la creatividad y la práctica son el centro. Esta es la historia de cómo lo lograron —y lo que están cosechando.


Conociendo a Areandina
Areandina es una institución multicampus con presencia física en Bogotá, Pereira y Valledupar, y cobertura virtual a gran parte de Colombia. En dos décadas pasó de miles a más de 40.000 estudiantes, un crecimiento sostenido que llegó de la mano de una apuesta: ser una universidad digital sin perder su esencia humana. “Nos declaramos una universidad de acceso”, resume Erika Milena Ramírez, vicerrectora administrativa y financiera. Desde su rol, impulsa procesos que cruzan fronteras, con alianzas y operaciones académicas también en Centroamérica (Costa Rica y Panamá).


En la trinchera de la innovación está César Andrés Rodríguez, subdirector nacional de innovación tecnológica: “Integramos tecnologías emergentes —realidad virtual, aumentada, robótica— en lo académico y lo administrativo. Cuando el liderazgo cree en la tecnología y decide invertir, la innovación ocurre”.
Antes de OneScreen
Docentes y estudiantes coincidían en el diagnóstico: hacía falta un punto de partida práctico para dinamizar clases y eventos, y reducir la fricción típica del tablero, el videobeam y los múltiples cables. Jesús Mauricio Sánchez, coordinador de eventos tecnológicos (y estudiante), lo cuenta simple: “Necesitábamos algo intuitivo y rápido para reuniones, clases y demostraciones. Todo en un mismo equipo”.
En Animación y Postproducción, el reto era mayor. Manuel Antonio Barrio, docente del programa, recuerda la dependencia de marcadores, tableros y televisores por separado: “Uno vivía cambiando de tablero a pantalla. Era poco fluido y nada ecológico”.
Después de OneScreen
Areandina piloteó, comparó y decidió. “Hicimos demos reales con docentes y estudiantes, no vitrinas”, explica César. “Medimos uso, validamos conectividad, seguridad y soporte local. El resultado: OneScreen fue la más intuitiva y con mejor respaldo”.


¿Qué cambió?
- Clases vivas y colaborativas. “Las pantallas permiten cocrear y colaborar en tiempo real, integrar a gente en otros campus y armar grupos híbridos al vuelo”, dice César.
- Docencia más fluida. Manuel lo resume en lo cotidiano: “Ya no necesito marcadores. Anoto, borro y guardo; puedo cargar PDFs y enviarlos a los chicos. Además, muestro software de animación 3D y maquetas en gran formato sin moverme de equipo”.
- Operación práctica. Para Jesús, el valor está en lo simple: “Abro Meet o Zoom, comparto pantalla, cargo archivos… todo en la misma pantalla. Una breve inducción y cualquier persona la maneja”.
- Gestión centralizada. Un plus estratégico fue OneScreen Central. “Podemos monitorear, encender, apagar, enviar mensajes o videos a toda la red de pantallas. Sirve para comunicación masiva, emergencias o mercadeo, y es sencillísimo de operar”, agrega César.
- Diseño robusto y confianza de uso. “Se siente sólida, no frágil. Da confianza ‘meterle el dedo’ sin miedo”, bromea Manuel.
Lo que dicen los estudiantes
El impacto se ve en la experiencia de aprendizaje. Nicolás Sacristán, estudiante de último semestre de Animación, lo celebra: “Las pantallas interactivas fueron un acierto. El profe controla mejor la clase, y nosotros vemos modelos 3D en grande, los rotamos y entendemos todo en tiempo real. Es como un ‘teléfono gigante’ para toda la clase”.
Retos y aprendizajes
Transformar cultura siempre reta. ¿Los principales desafíos?
- Adopción y alfabetización digital. “Si la gente no usa, se pierde el valor”, subraya César. La universidad activó un plan de formación continua con el área de innovación educativa (CEITA) para docentes, administrativos y estudiantes.
- Visibilidad del inventario y programación. “Medimos disponibilidad vs. uso efectivo para activar estrategias de adopción y que nadie ignore que la tecnología está ahí”, añade César.
- Inversión y pertinencia. Erika es clara: se trata de elegir bien, no siempre “el Rolls-Royce”. Lo adecuado es lo que sirve al propósito y escala con la comunidad.
- Experiencia de usuario perfecta. Manuel apunta mejoras deseables: menús más intuitivos cuando se alterna Android/Windows y teclado en pantalla más discreto para claves. En laboratorios pesados, algunos cursos requieren workstations dedicadas más allá de la OPS.
Conclusión: innovación con corazón latino
La historia de Areandina confirma que la tecnología educativa no reemplaza al profesor: lo potencia. Con pantallas interactivas OneScreen, la universidad convirtió espacios tradicionales en aulas interactivas donde la participación es natural, los contenidos se guardan y comparten en segundos, y la distancia entre sedes deja de ser un obstáculo.
“La creatividad depende de quien la usa”, recuerda César. Y esa es la esencia del cambio: una comunidad que pierde el miedo, se forma y experimenta. Como aconseja Jesús: “Practiquen. Denle la oportunidad a la pantalla. Supera expectativas”. Y Manuel cierra con lo humano: “Es ecológico, rápido y cómodo. Enseñar se siente mejor”.
En OneScreen LATAM creemos en esa mezcla rebelde de innovación y calidez que mueve a Latinoamérica. Porque cuando la tecnología se vuelve simple, la educación se vuelve posible para todos.

